TRANSFORMACIÓN DIGITAL DE LAS ECONOMÍAS: DESAFÍOS PARA CERRAR LAS BRECHAS ENTRE PAÍSES

Desde el hogar hasta la oficina, ciudadanos, gobiernos y empresas evidencian cómo, cada vez más, las nuevas tecnologías digitales han empezado a dominar el entorno inmediato: desde los smartphones y las tablets, hasta el acceso a la nube, el big data y el internet de las cosas, la revolución digital está transformando a la sociedad.

Con costos extraordinariamente bajos de recolección, almacenamiento y procesamiento de datos,  altas velocidades de intercambio de información, transacciones en línea, nuevos modelos de negocios y automatizaciones de procesos, la digitalización está reconfigurando la producción y el comercio de bienes y servicios en todo el mundo.  Este nuevo paradigma económico al que se denomina “economía digital” o “cuarta revolución industrial” no es otra cosa que la transformación digital de industrias tradicionales como la agricultura, la manufactura, la banca, la ingeniería y la construcción. En otras palabras, la economía digital es la penetración de las TIC en todos los procesos productivos.

Se trata de un fenómeno que va en aumento: de acuerdo con un informe de Accenture, la economía digital representa en la actualidad más del 22,5% del PIB de todo el mundo. El análisis reveló, además, que la optimización del uso de tecnologías y el desarrollo de talento en el entorno digital podría estimular la producción económica global en alrededor de 2 billones de dólares. 

Por otro lado, la investigación señala que algo más del 22% de la producción mundial está ligada a la economía digital. Particularmente, la de Estados Unidos es la más digital del mundo, con una participación del 38% de su producción total, seguida por la del Reino Unido (33%), Australia (32%) y Francia (29%). Entre tanto, los países de América Latina ni siquiera aparecen en el ranking a excepción de Brasil.

A su vez, la penetración de las TIC en la economía representa repercusiones significativas en el incremento de la productividad de los países. Según el Centro de Estudios de Telecomunicaciones de América Latina, un aumento del índice de digitalización del 1% en una nación genera un incremento del  0,32% del Producto Interno Bruto (PIB) y del 0,26% en la productividad laboral. 

Sin embargo, pese a la veloz irrupción que presenta la transformación digital en las economías, aún persisten brechas significativas entre los países desarrollados y no desarrollados. En estos últimos, la mayoría de las innovaciones digitales existen dentro de los límites de unas pocas empresas y, a nivel general, estos países, hoy por hoy, enfrentan desafíos para adaptarse y transformar su estructura productiva según los nuevos requerimientos de modernización tecnológica.

INVERTIR EN INFRAESTRUCTURA, EL PRIMER PASO HACIA LA TRANSFORMACIÓN

Contar con conectividad a internet y es fundamental y se encuentra dentro de las prioridades para el desarrollo de la economía digital. No obstante, un informe del Observatorio de la Economía Mundial, advierte que aunque el número de usuarios de Internet creció un 60% entre 2010 y 2015, más de la mitad de la población mundial todavía permanece desconectada. Incluso, la conectividad de banda ancha en los países en vía de desarrollo, cuando está disponible, tiende a ser relativamente lenta y costosa, lo que limita la capacidad de las empresas y las personas para utilizarla de manera productiva. Esto demuestra, una sola arista de una problemática que reduce las posibilidades de las economías de dar el salto a la transformación digital.

“Por ende, el primer desafío es la inversión en infraestructura –advierte Germán Borrero, presidente Andino de MQA Business Consultants – El desarrollo digital en todos los países requiere de políticas de inversión dirigidas a la construcción de instalaciones de conectividad que, a su vez, permitan el desarrollo de la innovación, la implementación de tecnologías, la gestión eficiente de datos y la digitalización de los procesos productivos y los intercambios comerciales a mayor escala y velocidad”.

Para lograr estos objetivos, el organismo señala que se requiere inversión tanto pública como privada. En el primer caso, para garantizar el acceso a internet de la población en las zonas más apartadas y de menores ingresos y en el segundo caso, para responder a las demandas del mercado.

DESARROLLAR HABILIDADES PARA APROVECHAR LAS NUEVAS OPORTUNIDADES

El desarrollo y penetración de nuevas tecnologías, la creación de infraestructuras digitales, los grandes flujos de datos y las nuevas fuentes de conocimiento e innovación, requieren a su vez del desarrollo de nuevas habilidades y destrezas que conduzcan a la formación de un capital humano capaz de sacar el máximo provecho a las oportunidades que surgen como resultado de la digitalización.

No en vano, se prevé que la demanda de trabajo crezca en áreas como el análisis de datos, desarrollo de software y aplicaciones (apps), redes, inteligencia artificial (IA), diseño y producción de nuevas máquinas inteligentes (robots e impresoras 3D). Por ende, “el impacto de la transformación digital de la economía dependerá de que tan preparados estén países, empresas y personas para adaptarse y dominar, desde lo humano, el fenómeno digital”, sostiene Borrero. 

En este escenario, los países y las economías deberán proporcionar una formación adecuada en áreas específicas y relevantes conocidas como STEM (Science, Technology, Engineering y Mathematics) para responder a las necesidades del mercado y lograr que su capital humano pueda ocupar los denominados ‘empleos del futuro’: ingenieros informáticos,  desarrolladores, científicos y arquitectos de datos, especialistas en análisis y visualización, expertos en robótica, diseñadores de experiencia de usuario y ventas, etc. 

Esta apuesta permitirá reducir el impacto de la revolución digital frente a las posibilidades de destrucción del empleo y las trasformaciones en los puestos de trabajo. 

Así las cosas, es indispensable que la academia se adapte lo más rápido posible a los cambios que trae la transformación digital para satisfacer las necesidades en talento que presentan actualmente las industrias. 

GOBIERNO DIGITAL PARA IMPULSAR LA COMPETITIVIDAD

Al igual que las empresas, en este nuevo paradigma digital los gobiernos también están llamados a dar el salto a la transformación digital si no quieren quedarse rezagados y perder competitividad (medida en términos de progreso) frente a sus pares en el escenario internacional. Por lo tanto, los ciudadanos esperan que el sector público se suba a la economía digital con la misma agilidad que lo está haciendo el sector privado.

Aquí, el reto para los gobiernos está en implementar tecnologías y soluciones innovadoras, apalancadas en el análisis y gestión de datos, que les permita fortalecer el trabajo de sus entidades públicas y mejorar la realización de trámites y la prestación de servicios gracias a iniciativas como la creación de ventanillas únicas de servicios en línea que representan ahorros en tiempo y dinero. 

A su vez, se requiere desarrollar mecanismos de gobierno digital que le permita a los ciudadanos interactuar con la administración pública de forma más eficaz, inmediata y transparente mediante el acceso a portales de contrataciones y compras públicas y la apertura de los datos públicos que tienen el potencial de contribuir a la recuperación de la confianza de los ciudadanos en la institucionalidad. 

No obstante, a esto se le añade el desafío de definir una política pública que impulse el gobierno digital así como definir un conjunto de instrumentos normativos que posibiliten las transformaciones de procesos y eliminen barreras.

REGULACIÓN INTELIGENTE

En línea con lo anterior, la regulación de las innovaciones tecnológicas aparece como un nuevo desafío de las instituciones públicas para impulsar la transformación digital de la economía. Se trata de cómo, desde el Estado, se definen y se coordinan las reglas del juego de la revolución digital.

De hecho, muchas de las discusiones que hoy se dan alrededor de la tecnología giran en torno a aspectos de carácter legal y regulatorio sobre el uso de las redes sociales, la protección y privacidad de los datos, la seguridad de los vehículos no tripulados, los derechos de autor y de los consumidores, entre otros. En medio de esta revolución tecnológica, la regulación inteligente se ha convertido en una herramienta fundamental para mitigar riesgos y promover los beneficios del cambio tecnológico pues como lo establece el Observatorio de la Economía Mundial, de lo que se trata es de implementar nuevas normativas que  contemplen estos inconvenientes pero sin generar trabas al desarrollo digital.

PROMOVER EL EMPRENDIMIENTO DIGITAL Y LA TRASFORMACIÓN DE LAS EMPRESAS TRADICIONALES

Los países deben estimular el desarrollo de nuevos emprendimientos digitales así como la transformación digital de las industrias tradicionales mediante la creación de un entorno propicio que contemple la entrega de estímulos de apoyo y financiación, la creación de clusters tecnológicos, la disminución de aranceles e impuestos sobre la adquisición y adopción de tecnologías, la eliminación de cualquier restricción a la transferencia de datos transfronterizos con el fin de impulsar el uso de tecnologías como cloud y big data, la adopción de  prácticas mundiales de ciberseguridad y el fomento del comercio electrónico, entre otras prácticas.

SMART CITIES PARA IMPULSAR LA ECONOMÍA LOCAL

De acuerdo con las proyecciones de la ONU está previsto que la población mundial aumente en más de 1.000 millones de personas en los próximos 15 años, por lo que, para el 2030, la cifra alcanzaría los 8.500 millones de habitantes de los cuales el 70% vivirá en centros urbanos. Ese vertiginoso crecimiento está retando a las ciudades a transformarse digitalmente a dar respuesta a algunos de los desafíos globales: aumento de la contaminación,  escasez de recursos, gestión del agua, eficiencia energética, entre otros. 

Para lograrlo, algunas ya están en la senda de convertirse en ciudades inteligentes, ‘smart cities’ o ‘ciudades 4.0’. Estas se caracterizan por poner a su servicio las tecnologías de la información y la comunicación para gestionar de forma más eficaz y sostenible su funcionamiento y el desarrollo de las economías locales. 

Así, a partir de la introducción de dispositivos tecnológicos y el desarrollo de soluciones digitales las smart cities están han implementado sistemas de monitoreo en tiempo real del tráfico y sensores de descongestión; sistemas de video vigilancia inteligente para detectar actividad delictiva, redes tecnológicas de distribución de energía fotovoltaica, mecanismos robotizados de reciclaje y redes de tele asistencia médica, por mencionar algunos ejemplos.

“El avance hacia el desarrollo de infraestructuras tecnológicas en las ciudades está haciendo de estas verdaderos hubs de innovación –puntualiza Borrero- Este cambio desencadenará la aparición de nuevos modelos de negocio y servicios de valor añadido que aglutinen importantes inversiones, generen capital y mejoren la competitividad de la economía en las ciudades”.